El ambientador de coche es un invento como la copa de un pino. —Raúl Minchinela

Piraña Social

Mireia Pérez dibuja en directo

Bienvenido al proceso de creación de Una zorra de siete tetas, la novela gráfica que Mireia Pérez está dibujando para ¡Caramba! Asiste a cómo va tomando forma uno de los libros que publicaremos en 2013.

21. Contar una historia

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Este blog obedece al deber de exhibición total de un proceso de trabajo, así que voy a contar lo mal que lo pasé la semana pasada cuando estuve a punto de mandarlo todo a freír espárragos, llamar a los de ¡Caramba! llorando y abandonar los tebeos para siempre jamás.

Construir una historia es un asunto jodido. Para contar cuentos y hacerlos entretenidos hay que haber visto y leído numerosas historias, pero especialmente, tener un curtido don del entretenimiento. Proyectar lo que quieres hacer y llevarlo a cabo en soledad puede ser una experiencia terrible si uno no está pisando en claro y además el resultado de tu trabajo puede resultar descalabrante y doloroso, ya que el tiempo y esfuerzo invertido es mucho. ¡Por no hablar de ti, querido lector!

Hice el storyboard de todo el cómic. En cuadritos pequeñitos de unos 3 cm. de alto, numerados, tal como se aprecia en la imagen. El resultado fueron unas 57 paginitas rellenadas con viñetas diminutas que describían acciones, escenas y algunos diálogos. Al contemplarlo pausadamente en su totalidad me di cuenta de que la historia era una puñetera mierda. ¡Nada tenía sentido! Quedé sumergida en un profundo bajón del que ni el helado de chocolate ni la ginebra pudieron rescatarme durante varios días.

También tenía hechos bocetos y descripciones de los personajes, esquemas y un guión detallado de los diálogos que si no fuera porque sin ellos todavía tendría miedo, estarían ya en la basura porque revisarlos ahora no me va a servir para nada.

Pero esto no significa que haberlos generado haya sido un trabajo en vano. Dos días después del hundimiento una extraña luz penetró en la habitación iluminando la mesa de dibujo, y una voz misteriosa retumbó dentro de mi cabeza: “TRABAJA”. Y empecé a dibujar de cero la historia.

En realidad no hubo voz y las dos páginas que dibujé y empecé a colorear están también en la basura y espero que jamás vean la luz (aunque igual las subo al blog más adelante).

Entonces lo vi claro, no sé como, ni por qué, pero ya sé lo que estoy haciendo. He simplificado muchísimo. Estoy haciendo lo que me apetece y me hace feliz. Quiero publicar un tebeo bonito, que quiera ser poseído, leído, releído y apreciado principalmente por mí. Les envié las primeras y nuevas siete páginas a los editores y la respuesta fue muy positiva. Cada viñeta me muestra el camino para la siguiente, confiando en mi instinto y cambiando el rumbo de la historia a cada página soy feliz. Puede que me aproxime sin saberlo hacia un suicidio inminente, pero no me van a quitar lo bailao.

Adiós bocetos, adiós storyboard, adiós guión. Fue un placer.

Estoy siendo tan pulcra y meticulosa en la ejecución que no me reconozco. Es casi una experiencia zen. Utilizo la mesa de luz y una plantilla de cartón. Delimito el espacio de la página y las viñetas con lápiz sobre un folio normal. En él también dibujo a los personajes y dejo el espacio para los bocadillos. Después, en un papel de más calidad dibujo las figuras y los fondos, y después rescato algunos detalles y textos en otros papeles. Todo lo monto en el ordenador y aplico capas de color uniforme y… ¡cobra vida! ¡Se puede leer! Tiene sentido y es divertido. O por lo menos lo parece.

Todo lo escrito, pensado y dibujado con anterioridad está también ahí. Veremos si no me caigo del hilo en las próximas semanas y consigo mi objetivo: un tebeo hermoso y entretenido. Un objeto de calidad y una experiencia artística que valga la pena. Ains. Nos vemos pronto.

Escrito por Mireia Pérez

Comentarios

Lobech

Retrato del artista joven con la soledad del corredor de fondo.

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